Comunales | Hermanos Ábalos
Huella fundamental de nuestra música
Llegaron de su Santiago del Estero natal con el folclore bajo el brazo para hacer historia con más de sesenta años de carrera. Vitillo Ábalos, vecino de Balvanera, repasa sus comienzos, las giras y reflexiona sobre la identidad nacional. Buenos Aires, 9 de julio de 2012. Año 1939. La ciudad de Buenos Aires asomaba como una capital cosmopolita, centro de influencia político y cultural para el resto del país. En particular, el tango marcaba tendencia en las costumbres porteñas.
En ese contexto, llegaron de Santiago del Estero los Hermanos Ábalos: Napoleón "Machingo", Adolfo, Roberto, Víctor Vitillo y Marcelo Raúl "Machaco". Estos jóvenes estudiantes con el ritmo norteño en la sangre crearon un quinteto de cinco voces, tres guitarras, un piano y un bombo legüero.
Difundir la música de su tierra fue la premisa. En su legado folclórico encontramos clásicos como "Nostalgias santiagueñas", "De mis pagos", "Juntito al fogón", "Zamba de los yuyos", "Chackay Manta", "Chacarera del Cachi Mayo", entre otros.
Podemos decir que su trayectoria es la más antigua en Argentina y de las más longevas en Latinoamérica: sesenta años sobre escenarios hasta las muertes de Machaco (en abril de 2000) y Roberto (en noviembre de 2001).
Más de diez años después, Vitillo, hoy de noventa lúcidos años y todavía en el ruedo musical con su productora Achalay, nos recibe en su casa de Balvanera. El comedor es una especie de museo, un repaso por las décadas frente al público.
En una de las paredes hay decenas de placas de reconocimiento: intendencias, gobernaciones, peñas. En el muro se destaca una foto donde están los cinco hermanos con ponchos rojos mirando al horizonte. La ropa de campo y la sonrisa juvenil completan la escena. Al pie, una mesa luce varias distinciones, entre ellas un Konex de platino de 1985. De todas formas Vitillo ni las menciona en la charla, hay un legado más profundo que a sus noventa años lo sigue alegrando. Ya vamos a ver.
En esa piecita de Belgrano y Santiago del Estero
Volvemos a 1939: recién llegados de su tierra natal, como para no extrañar, se alojaron en una casa ubicada en Santiago del Estero y Belgrano. La Buenos Aires que nos cuenta Vitillo tiene como eje de la vida social y cultural a la Avenida de Mayo, con la influencia del tango y el arte español.
Su hermano Machingo se contactó con integrantes de la asociación de damas provincianas. El punto de encuentro fue un teatro ubicado en Marcelo T. de Alvear, entre Libertad y Cerrito. Lo llamaron Patio provinciano, en alusión a los encuentros en su tierra natal, y realizaron allí eventos de música, canto y danza. De a poco, despertaron la atención del público porteño.
Carnavalito en pantalla grande
En 1941 alquilaron en Santa Fe y Paraná el subsuelo de una confitería para hacer funciones los jueves, viernes, sábados y domingos. Una noche cayeron los que filmaban La Guerra Gaucha y nos contactamos con ellos, contó Vitillo. Luego se sumaron al equipo de trabajo.
Un año después, la figura de los Ábalos se hizo famosa al interpretar "Carnavalito Quebradeño" en la cinta dirigida por Lucas Demare, con guión de Homero Manzi (también santiagueño) y Ulyses Petit de Murat; en base a la homónima novela de Leopoldo Lugones.
Ante la repercusión, el grupo tomó coraje y fue dar audiciones a la radio. La primera estación fue Belgrano, pero la cosa no anduvo bien. El desquite fue en radio El Mundo, aunque el panorama no mejoró: Nos dijeron que les gustaba lo que hacíamos pero que no era comercial. La poca difusión y conocimiento de la música folclórica se hacían sentir.
Sin bajar los brazos, el siguiente paso lo dieron en el escenario del teatro Splendid, Santa Fe y Callao (hoy librería El Ateneo). Luego, en 1945 inauguraron la escuela de arte nativo de los Hermanos Ábalos en Santa Fe al 1700. Había baile, piano, incluso venía mucha gente virtuosa para darle el gustito criollo, resalta el músico. También destaca que el emprendimiento tomó un aspecto de camaradería con sus estudiantes, como si fuera un patio provinciano.
En 1952 se editó su primer álbum Piano Danzas Y Canciones Regionales Argentinas.
Embajadores del folclore
Luego de recorrer el país llevando su repertorio, llegaron las giras internacionales. Entre ellas, Vitillo recuerda la invitación que les hizo el sello discográfico RCA Víctor a su casa central de Nueva York. También tocaron en Uruguay, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, México y Canadá. Más tarde llegaron a Grecia, Alemania, Francia, Italia, Portugal, España, India y Pakistán.
Junto a las distinciones que engalanan el comedor del hermano Ábalos, damos con un afiche rojo con letras japonesas. En un costado, se ve una foto en blanco y negro con cinco músicos cuyas sonrisas, como diría Vitillo, destilan gusto criollo ¿Cómo llegaron los folcloristas hasta el país del sol naciente?
Entre la gira de América y la de Europa y Oriente, se dio esta visita, en el marco de una invitación diplomática. Cuando llegaron, cuenta Vitillo, encontraron una ciudad de pos guerra, que de a poco surgía de las ruinas: Nacían nuevos teatros maravillosos al ritmo de las ciudades.
En ese momento de la charla, va hasta uno de los armarios del comedor. De ahí saca una quena hecha en bambú que se trajo de recuerdo y al instante toma una argentina. A través de los instrumentos, metaforiza que, después de todo, ya sea en Santiago del Estero o en Oriente, la música es sentimiento y eso bastó para entenderse ante los distintos públicos a los que llevaron el folclore argentino.
Identidad de ayer y de hoy
Al principio hablábamos de distinciones y reconocimientos. Para Vitillo, tras haber armado un repertorio folclórico y haberlo llevado por varios países, su satisfacción radica en saber que varias de sus obras están en la memoria del pueblo.
Acto seguido, cita una anécdota ocurrida una vez de viaje en Cafayate. Me crucé con un muchacho que estaba tocando el Carnavalito Quebradeño y me puse a silbar con él, le pregunté qué estaba cantando y me dijo que no sabía, que lo había aprendido con su abuelo, se emociona al evocar.
Vitillo sabe de qué habla: el folclore en tierra porteña ha sido durante décadas el refugio sentimental de los cientos de miles de argentinos que venían a probar suerte a la ciudad y provincia desde mediados del siglo pasado. La historia del país, por así decirlo, se condensa en las coplas y cantos de este grupo; de ahí también su legado cultural en la memoria del pueblo.
Juan Castro
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