Comunales | Ola de amenazas en escuelas

También en Balvanera

La violencia escolar volvió a instalarse en el centro de la agenda pública tras un episodio ocurrido en el barrio porteño de Balvanera, donde un adolescente de 16 años fue imputado por exhibir un arma de fuego dentro de su colegio y difundir las imágenes en un grupo de mensajería entre compañeros. El caso, que se suma a la ola de amenazas de tiroteos que desde hace semanas se replican en instituciones educativas de todo el país, expone la fragilidad de los protocolos y la necesidad de respuestas integrales frente a un fenómeno que combina intimidación, redes sociales y la circulación de armas en ámbitos escolares. Buenos Aires, 28 de abril de 2026. El hecho tuvo lugar en la Escuela de Comercio Nº5 “José de San Martín”, ubicada en la zona de Entre Ríos e Independencia. Según la investigación, el joven ingresó al baño del establecimiento con un revólver, se fotografió junto a otros dos estudiantes y compartió las imágenes en un grupo de WhatsApp. En una de las capturas se leía la frase “La chispa está en 3ro 1ra”, lo que generó alarma inmediata entre los padres. Fue justamente el padre de una alumna quien, preocupado por el contexto de amenazas que circulaban en redes sociales, realizó la denuncia ante la Fiscalía Penal Juvenil, Contravencional y de Faltas Nº4, a cargo de Mauro Tereszko, y aportó las capturas de pantalla como prueba.

Con autorización de la jueza Alicia Baridón Gómez, del Juzgado Penal Juvenil, Contravencional y de Faltas Nº1, se llevó a cabo un allanamiento en el domicilio del adolescente. El procedimiento, realizado en la madrugada del miércoles por el Cuerpo de Investigaciones Judiciales y la División de Delitos contra la Niñez y Adolescencia de la Policía de la Ciudad, permitió secuestrar un teléfono celular, una computadora portátil y un disco rígido. El joven, que ya era investigado en otra causa por robo, quedó imputado por intimidación pública, amenazas con armas y portación de arma de fuego, delitos que contemplan penas de hasta siete años de prisión.

Desde el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad se informó que, ante este tipo de situaciones, se activa un protocolo conjunto con el Ministerio de Educación, el Ministerio Público Tutelar, la Policía de la Ciudad y el Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. El fiscal general Martín López Zavaleta destacó que se implementó un esquema de intervención rápida para identificar a los responsables y prevenir la reiteración de hechos similares. La estrategia apunta a contener la escalada de intimidaciones que, en las últimas semanas, obligaron a suspender clases en varias escuelas y generaron un clima de temor entre estudiantes y familias.

La comunidad educativa de Balvanera reaccionó con preocupación. Docentes y directivos señalaron que el episodio se inscribe en un contexto más amplio de amenazas que se multiplican en distintos puntos del país. En colegios de la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Tucumán y Santa Fe se registraron mensajes intimidatorios en baños, paredes y cuadernos, con frases como “mañana tiros” o “llueven balas”. En Salta, la Policía recibió más de 100 denuncias y ya individualizó a 17 personas vinculadas a estas intimidaciones. La reiteración de casos obliga a las escuelas a reforzar controles en los ingresos y a revisar pertenencias de los alumnos, medidas que transforman la rutina escolar en un escenario de crisis.

El episodio de Balvanera refleja también el efecto amplificador de las redes sociales. Lo que antes podía quedar circunscripto a un ámbito reducido, hoy se viraliza en cuestión de minutos y multiplica el impacto. Un mensaje anónimo o una foto compartida en un grupo de WhatsApp puede derivar en la suspensión de clases, la intervención de fuerzas de seguridad y la alteración de la vida escolar de cientos de estudiantes. La paradoja es que cada respuesta institucional, aunque necesaria, confirma al imitador que su acción tuvo efecto, alimentando un círculo difícil de romper.

Especialistas en violencia escolar advierten que el fenómeno no puede abordarse únicamente desde el plano punitivo. Andrea Kaplan, autora del libro "Violencia en las escuelas", sostiene que “la violencia que irrumpe en las aulas es, ante todo, social” y que la escuela funciona como caja de resonancia de una sociedad atravesada por desigualdad, discursos agresivos y fascinación por las armas. Para Kaplan, la salida exige una alianza firme entre escuela, familias y Estado, con supervisión de redes, atención a cambios bruscos de conducta y presencia adulta sostenida. “La escuela sola no puede, pero sin la escuela es imposible”, resume.

El caso de Balvanera, con un adolescente imputado por exhibir un arma en el baño de su colegio, se convierte en una señal de alarma que trasciende lo judicial. La escuela, históricamente concebida como espacio de resguardo, se ve obligada a incorporar rutinas propias de escenarios de crisis. La pregunta que queda abierta es si las instituciones están preparadas para frenar la violencia y restituir la confianza en un ámbito que debería ser sinónimo de aprendizaje y seguridad. Lo ocurrido demuestra que el riesgo cero no existe, pero también que la sociedad no puede permitirse la indiferencia frente a un fenómeno que amenaza con instalar el miedo en el corazón mismo de la educación.


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