Comunales | 1º de Mayo
Una plaza llena de memoria
En el corazón de Balvanera, la Plaza Primero de Mayo se erige como un espacio cargado de historia y simbolismo. Ubicada entre las calles Hipólito Yrigoyen, Pasco, Pichincha y Alsina, este lugar que hoy funciona como pulmón verde de la Comuna 3 fue, en el siglo XIX, el Cementerio de Disidentes, un sitio destinado a quienes no profesaban la fe católica y necesitaban un espacio propio para sus entierros. La transformación de aquel terreno en plaza pública, inaugurada en 1928, no solo implicó un cambio urbanístico, sino también la construcción de un homenaje permanente al Día Internacional de los Trabajadores, que cada 1° de mayo recuerda las luchas obreras por derechos laborales en todo el mundo. Buenos Aires, 28 de abril de 2026. El cementerio se inauguró en 1833 bajo el nombre de Cementerio de los Disidentes, en el predio conocido como “El Hueco de los Olivos”. Allí fueron sepultados ingleses, alemanes, estadounidenses y, más tarde, los primeros judíos que llegaron a Buenos Aires. La necrópolis funcionó hasta fines del siglo XIX, cuando la fiebre amarilla y el crecimiento poblacional obligaron a trasladar los entierros a un espacio más amplio: el Cementerio de la Chacarita. El traslado de restos se extendió hasta 1923, aunque no todos fueron reclamados. Algunos permanecen aún bajo la superficie de la plaza, como el caso de Elizabeth Chitty de Brown, esposa del almirante Guillermo Brown, cuya memoria fue homenajeada recientemente con una placa colocada por la Liga Naval Argentina.
La clausura definitiva del cementerio dio paso a la construcción de la plaza, que en 1925 recibió oficialmente el nombre de Primero de Mayo, en homenaje al movimiento obrero internacional. Tres años más tarde, el intendente Carlos M. Noel y el ministro del Interior Vicente Gallo encabezaron la inauguración junto con el descubrimiento del Monumento al Trabajo, obra del escultor Ernesto Soto Avendaño. La pieza, que representa a un hombre cargando una pesada masa sobre su hombro, simboliza la dignidad y el esfuerzo de los trabajadores, y se convirtió en el emblema del espacio. Décadas después, en 1951, se sumó el mástil Monumento a la Patria, donado por la comunidad israelita de Buenos Aires, reforzando el carácter plural y conmemorativo del lugar.
La Plaza Primero de Mayo no es solo un espacio verde: es también un sitio de memoria. Durante más de un siglo y medio, las calles de Balvanera y sus alrededores fueron escenario de movilizaciones obreras, huelgas y reclamos por mejores condiciones laborales. Desde las primeras marchas de los trabajadores tipógrafos en el siglo XIX hasta las concentraciones sindicales del siglo XX, la zona se consolidó como un epicentro de la protesta social. La elección del nombre de la plaza no fue casual: se trató de inscribir en el espacio urbano la memoria de esas luchas y de vincularla con un lugar que, paradójicamente, había sido símbolo de exclusión religiosa y social.
El misterio de los restos que aún yacen bajo la plaza añade un matiz singular. En 2006, durante obras de remodelación, obreros encontraron una lápida perteneciente a una joven alemana fallecida en 1866. El hallazgo confirmó que no todos los cuerpos habían sido trasladados y que la plaza guarda todavía huellas de su pasado como cementerio. Ese descubrimiento motivó nuevas investigaciones y la puesta en valor del espacio en 2012, reforzando su condición de sitio histórico.
Hoy, la Plaza Primero de Mayo es un lugar de encuentro y de homenaje. Cada 1° de mayo, organizaciones sindicales y sociales recuerdan allí el legado de las luchas obreras, en un entorno que combina memoria, historia y presente. El espacio verde convive con el peso de su pasado y con la vitalidad de un barrio que sigue siendo protagonista de la vida política y social de la Ciudad. Balvanera, con su tradición de movilizaciones y su cercanía a nodos como Congreso y Once, mantiene viva la impronta de un siglo y medio de reclamos por derechos laborales, y la plaza se convierte en un símbolo de esa continuidad.
La historia de este lugar resume la tensión entre exclusión y reconocimiento. Lo que comenzó como un cementerio para quienes no podían ser enterrados en tierra consagrada terminó transformándose en un homenaje a quienes lucharon por dignidad y justicia en el mundo del trabajo. La Plaza Primero de Mayo es, en ese sentido, un espacio que recuerda que la ciudad se construye sobre capas de memoria y que cada rincón puede ser testigo de las batallas sociales que marcaron la vida de generaciones. Allí, donde alguna vez se levantaron muros para separar, hoy se alza un monumento que celebra la fuerza colectiva de los trabajadores, en un barrio que sigue siendo escenario de la historia viva de Buenos Aires.
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