Editorial | Defiende el último reducto del PRO
Macri en campaña
Si algo logró Milei fue borrar al macrismo del escenario político, radicalizando el vuelco a la derecha de una parte de la población argentina. Como si endurecer la represión fuera una solución a los conflictos sociales. Por eso acompaña a los libertarios la nostalgia de la última dictadura y su mano dura con el disenso. Buenos Aires, 17 de
marzo de 2026. Para Jorge Macri esto es un problema doble. Aspira a retener el
gobierno del distrito porteño y para lograrlo necesita los votos de los
libertarios, pero ellos buscan desplazarlo por un Jefe de Gobierno propio.
Adorni, antes de Nueva York, sonaba como el candidato presidencial. Veremos qué
sucede después de que se deslomó allá con su esposa en un hotel de lujo. Quizás
salga de escena. Pero todavía queda Patricia. Una competencia formidable para un
Jorge Macri, que no tiene el volumen político de su ex compañera de partido.
Para compensar, Macri
se refugia en una agenda municipal y todos los días inaugura alguna cosa. Le
dan bien los números de las estadísticas delictivas y los usa para felicitarse
de la “decisión política” de haber desplazado a los manteros de las veredas
porteñas, expulsando a más personas a la indigencia en una economía que se
achica y multiplica la pobreza. Pero de eso el Jefe de Gobierno no habla, pese
a que también castiga a las finanzas de su gobierno, porque cae la recaudación
impositiva debido a la disminución de la actividad económica.
Ahora avanza con las
obras de la nueva línea de subterráneos, subrayando que será la primera en 25
años que se construya, algo que es cierto, pero lo primero que hace es endeudar
a la ciudad para erigirla. Cuando en 2001 Aníbal Ibarra inició la construcción
de la Línea H, lo hizo sin endeudarse y en medio de la más espantosa crisis
económica, social y política que nos haya castigado.
Cuando habló en la
apertura del período de sesiones ordinarias de la Legislatura, dedicó un tramo de
su discurso a las personas en situación de calle. Macri informó que la Ciudad
asiste a más de 16 mil personas por día. Nada dijo de la crisis habitacional
que existe en la ciudad y de la desocupación que castiga crecientemente a los
más pobres. La ciudad abandonó la política de vivienda social, no interviene en
el mercado de alquileres y con su Jefatura descree de la utilidad de la
urbanización de los barrios populares.
Macri aprovecha cada
oportunidad que se le presenta, para endilgarle los problemas de la ciudad al
conurbano y al gobernador bonaerense. Son muchos los bonaerenses que se
atienden en los hospitales porteños, dice, porque Kicillof no invierte en los
hospitales de la provincia. La gente que está en las calles de la ciudad viene
de la provincia, reclama. Los delincuentes son del conurbano, asegura. Pero
olvida que la riqueza de la ciudad se alimenta con el esfuerzo de tres millones
de bonaerenses que cada día ingresan para trabajar y estudiar en la ciudad.
También olvida que gestiona solo una parte de la ciudad de Buenos Aires, una
ciudad que no termina en la Av. General Paz, sino que integra también el
llamado conurbano, formando un único y gran espacio económico y social, pero
fragmentado en lo político institucional.
Seguramente nunca lo
pensó. La nueva derecha que ocupa el centro de la escena política argentina
sólo tiene la cualidad de poseer riquezas, no sabiduría. En eso, Jorge Macri,
Manuel Adorni o Patricia Bullrich, se emparejan. Para que no se sucedan unos a
otros, también es necesario construir un mejor nivel de debate político, donde
gane espacio la densidad argumental.
Lic.
Gerardo Codina
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