Comunales | Parque de la Estación

Lo que falta

El Parque de la Estación, inaugurado en junio de 2019, representa un logro vecinal histórico en Balvanera, pero también expone las deudas pendientes del Estado nacional: la falta de habilitación del sector sur sobre Bartolomé Mitre y la demora en la expropiación del predio de Cromañón para convertirlo en Espacio de la Memoria. Ambos casos reflejan la tensión entre las demandas comunitarias y la inacción estatal. Buenos
Aires, 17 de marzo de 2026. El Parque de la Estación nació de un reclamo
vecinal sostenido desde el año 2000, cuando los habitantes de Balvanera y
Almagro comenzaron a exigir la creación de un espacio verde en los terrenos
ferroviarios de Once. La sanción de la Ley 5734 en 2016 dio marco legal al proyecto
y permitió que, tres años más tarde, se inaugurara la primera etapa: un predio
de 8.366 metros cuadrados entre la avenida Díaz Vélez y las calles Perón,
Anchorena y Gallo.




Allí se
levantó un pulmón verde con césped, arbolado, senderos peatonales, juegos
infantiles y mobiliario urbano, además de la recuperación de un galpón
ferroviario como centro cultural comunitario. La inauguración del 14 de junio
de 2019 fue celebrada como un triunfo del urbanismo participativo, resultado de
dos décadas de asambleas y gestiones vecinales.





Sin embargo,
la obra quedó inconclusa. La Ley 5734 preveía dos etapas: la primera, ya
inaugurada, y la segunda, sobre la calle Bartolomé Mitre. Ese sector sur nunca
se habilitó porque los terrenos siguen afectados a operaciones ferroviarias y
concesiones vigentes, bajo control del Estado nacional. La Ciudad reconoce la
deuda pendiente, pero argumenta que no puede avanzar sin la cesión formal de
los predios. La Legislatura porteña incluso votó pedidos de informes sobre el
estado de la segunda etapa, pero el conflicto interjurisdiccional mantiene el
área cerrada y sin uso recreativo.





La falta de
habilitación del sector sur es especialmente grave en un barrio como Balvanera,
que junto con Almagro registra uno de los menores índices de espacio verde por
habitante en la Ciudad. La expectativa vecinal es que la apertura de esa
segunda etapa duplique la superficie del parque y equilibre la distribución de
plazas en la zona. La frustración ciudadana es evidente: tras más de veinte
años de reclamos, la obra inconclusa se percibe como un incumplimiento del
espíritu de la ley y una muestra de la desidia estatal.





Otra cuestión pendiente





La deuda del
Estado nacional con Balvanera no se limita al Parque de la Estación. A pocas
cuadras, en Bartolomé Mitre 3038, se encuentra el predio donde funcionó
República Cromañón, escenario de la tragedia del 30 de diciembre de 2004 que
dejó 194 muertos y más de mil heridos. Desde entonces, familiares y
sobrevivientes reclaman que el inmueble sea expropiado y convertido en Espacio
de la Memoria. En octubre de 2022 se sancionó la Ley nacional 27.695, que
declaró de utilidad pública el inmueble y lo sometió a expropiación. En
diciembre de 2023, el Gobierno nacional reglamentó la norma mediante el decreto
652/2023, estableciendo que el Ministerio de Justicia sería el sujeto
expropiante. Sin embargo, a más de dos años de la sanción, el proceso no se ha
concretado y el predio sigue cerrado.





El estado ausente





La comunidad
de Balvanera enfrenta así una doble deuda: la falta de espacios verdes y la
falta de un sitio de memoria. El Parque de la Estación norte es un ejemplo de
lo que puede lograrse cuando el Estado escucha y actúa, pero su sector sur
clausurado es la muestra de lo que ocurre cuando las burocracias se imponen
sobre las necesidades ciudadanas.





Cromañón,
por su parte, es la herida más visible de esa parálisis: un lugar que debería
ser símbolo de memoria y reparación, pero que permanece inaccesible. En ambos
casos, la comunidad ha demostrado una capacidad de organización ejemplar, con
asambleas vecinales y agrupaciones de familiares que sostienen los reclamos. El
Estado nacional, en cambio, aparece ausente, demorando decisiones que ya
cuentan con respaldo legal y consenso social.





Balvanera,
uno de los barrios más densamente poblados de la Ciudad de Buenos Aires,
necesita que esas deudas se salden. El derecho a la ciudad y el derecho a la
memoria son exigencias legítimas que no pueden seguir postergándose. Hasta que
el sector sur del Parque de la Estación sea habilitado y Cromañón se convierta
en Espacio de la Memoria, la comunidad seguirá esperando que el Estado nacional
cumpla con su palabra y con su deber.





La deuda es
doble: con el presente y con el pasado. Con el presente, porque la falta de
espacios verdes y recreativos impacta directamente en la calidad de vida de los
vecinos de Balvanera, que habitan uno de los sectores más densamente poblados
de la ciudad. Con el pasado, porque la no expropiación de Cromañón impide que
el dolor se convierta en memoria activa, en un sitio que recuerde a las
víctimas y advierta a las generaciones futuras sobre los riesgos de la
corrupción, la desidia y la falta de controles. En ambos casos, la comunidad ha
demostrado su capacidad de organización: las asambleas vecinales que impulsaron
el Parque de la Estación y las agrupaciones de familiares que sostienen el
reclamo por Cromañón son expresiones de ciudadanía activa que no se resigna a
la indiferencia estatal.





El Estado
nacional, sin embargo, parece ausente. La falta de transferencia de los
terrenos ferroviarios y la demora en la expropiación de Cromañón son síntomas
de una misma inercia. Se trata de espacios que podrían convertirse en símbolos
de reparación y de mejora urbana, pero que permanecen clausurados,
inaccesibles, invisibles. Mientras no se concrete la segunda etapa del Parque
de la Estación y mientras Cromañón no sea transformado en Espacio de la
Memoria, Balvanera seguirá siendo un barrio marcado por la falta: falta de
verde, falta de reconocimiento, falta de respuesta estatal.






                                                                                               Norberto
Alonso




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