Editorial | Los deberes de Macri

Los socios se cuidan, aunque cueste

Jorge Macri está haciendo todos los deberes para reelegir. En principio, se aferra a la construcción de una alianza estrecha con los libertarios, para lo cual está dispuesto a tragarse muchos sapos. En simultáneo, disputa los votos de sus eventuales socios, mostrándose como el único garante de la ley y el orden en la ciudad. Claro que se trata de un orden que tiene mucho con obligar a los pobres a esconderse a puro garrotazo y de criminalizar la vida en los barrios populares. Buenos Aires 14 de octubre de 2026. Aunque los libertarios le adeudan la coparticipación ampliada generosamente por el primo Mauricio con el pretexto del traspaso de la policía, le traban la aprobación del presupuesto en la Legislatura si anula las PASO y hacen campaña diciendo que la ciudad está sucia, Jorge Macri se comporta como el mejor discípulo de Milei.

Lo acompaña en sus paseos parisinos, pagados con la nuestra, no denuncia la recesión que sufre la ciudad a causa de las políticas libertarias y silencia el enorme costo que implica para los porteños la destrucción de la universidad nacional, los organismos de investigación científica y los de fomento de la actividad artística. Todo pese a que esos bienes culturales hacen gran parte del diferencial local como destino turístico de excelencia para muchos extranjeros y a que el mismo gobierno de Macri promueve el turismo receptivo como la principal vía de desarrollo de una urbe pensada desde una perspectiva que prioriza la renta inmobiliaria y los servicios.

No es que no registra los problemas que generan las políticas liberales a la ciudad. Elige silenciarlos por conveniencia política. Una muestra de esto fue la presentación que hizo el Ministerio de Hacienda local ante la Legislatura solicitando autorización para emitir un bono por 600 mil millones de pesos para poder afrontar los pagos a proveedores, ante la caída de la recaudación de ingresos brutos, por la reducción de la actividad económica. Tomar deuda para pagar gastos corrientes es una medida extrema para intentar aparentar que todo sigue bien mientras el bote se está hundiendo.
 
En paralelo, para ganar votos libertarios, anuncia disminución de patentes para gran parte del parque automotor registrado en la ciudad (más de un auto cada dos habitantes) y lanza sus aparatosos operativos de intimidación Tormenta Negra sobre los barrios populares, con pobres resultados en materia criminal pero mucha prensa haciendo propaganda.

En la misma línea se inscribe la anunciada reforma del Código Contravencional, la segunda de su mandato, para reforzar la penalización de trapitos, vendedores ambulantes y “organizaciones de compraventa informal masiva”, además de incorporar nuevas figuras, muchas de ellas acordes con nuevas modalidades criminales. Un detalle evidencia dónde se pone el acento: conducir alcoholizado asumiría una pena máxima de 7 millones de pesos, mientras que la venta ilegal en el espacio público (manteros) tendría una multa máxima de 58 millones de pesos, más de ocho veces más grave que la anterior. De esta forma, aunque conducir alcoholizado transforma un vehículo en un arma potencialmente mortal para sí y para terceros, para Jorge Macri es ocho veces más grave intentar vender algo en la vereda. Un absurdo.

Pese a todos sus esfuerzos, no tiene asegurada la reelección. Sus socios libertarios no terminan de decidir si les conviene tratar de quitarle al PRO su único bastión o no y hasta el mismo primo Mauricio está explorando la posibilidad de impulsar otro candidato, enemistado con su pariente díscolo. Sin contar que se amontonan enfrente los opositores. Sólo tienen que encontrar un candidato ecuménico que sea capaz de interpelar el espíritu progresista que sabe tener Buenos Aires. Nada menos, pero no imposible.

                                Lic. Gerardo Codina


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