Sociedad | Efectos de la crisis
Jóvenes sin futuro
La dificultad de los jóvenes porteños para alcanzar la autonomía económica dejó de ser un síntoma aislado y se consolidó como un fenómeno estructural que atraviesa la vida urbana. Este obstáculo, además, se enlaza con otro proceso profundo: la caída sostenida de la natalidad, que en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó mínimos históricos y refleja un cambio radical en las decisiones de vida de las nuevas generaciones. Buenos Aires 14 de octubre de 2026. Con un desempleo juvenil que ronda el 20%, salarios iniciales que rara vez superan el millón de pesos y alquileres de monoambientes que ya se ubican cerca de los $700.000 mensuales, la independencia se vuelve un objetivo cada vez más lejano. “Trabajo desde los 19, estudio y hago cursos, pero no me alcanza para irme de la casa de mis viejos”, cuenta Lucía, de 23 años, empleada en una cadena de cafeterías de Caballito. Cobra alrededor de $950.000 mensuales y destinaría más del 70% de su ingreso solo al alquiler de un monoambiente. “Compartir con amigas es una opción, pero igual te quedás sin margen para ahorrar. Y sin ahorro no hay proyecto”, resume. Su relato sintetiza la experiencia de miles de jóvenes que, aun con empleo, no logran sostener un presupuesto que les permita vivir por su cuenta.
El mercado laboral porteño reproduce una brecha persistente: mientras la desocupación general se ubicó en 7,2% en el segundo trimestre de 2026, la juvenil se mantiene cerca del 20%. Esto reproduce una tendencia que se observa en todo el país: los menores de 25 años enfrentan más rotación, más informalidad y más dificultades para sostener empleos estables. Los jóvenes ingresan mayormente a empleos de baja remuneración, alta rotación e informalidad, especialmente en gastronomía, comercio y servicios personales. La brecha respecto del promedio general es persistente y se amplía en los barrios del sur, donde la desocupación golpea con más fuerza y las oportunidades laborales son más escasas.
Según la Encuesta Trimestral de Ocupación e Ingresos, el salario promedio de la ocupación principal es de $1.665.849. Entre los asalariados registrados, el ingreso asciende a $1.866.917, mientras que los no registrados perciben en promedio $925.126. Así las cosas, la mitad de los trabajadores porteños cobra hasta $1,2 millones, un monto que queda por debajo del costo de la canasta básica para una familia tipo, que en septiembre de 2026 se ubicó en $1.687.299. En los primeros empleos, los ingresos suelen ubicarse incluso por debajo de ese umbral, lo que profundiza la brecha entre expectativas y posibilidades reales de independencia.
A esa fragilidad se suma el costo de la vivienda, que se convirtió en el principal obstáculo para la autonomía. Los relevamientos privados muestran que un monoambiente en la Ciudad ya cuesta alrededor de $700.000 mensuales, mientras que los dos ambientes rondan los $850.000 y los tres ambientes superan el millón. “Con mi sueldo no puedo alquilar nada sin quedarme sin plata para vivir”, dice Tomás, de 26 años, programador junior en una empresa del Distrito Tecnológico. “Mis viejos me dicen que ahorre para comprar, pero es imposible. Los créditos casi no existen y el metro cuadrado está en dólares. Es como si la Ciudad te dijera que la independencia no es para vos”. La compra de una primera vivienda, efectivamente, quedó fuera del horizonte para la mayoría: el valor del metro cuadrado supera los US$2.400 en promedio y la oferta de créditos hipotecarios accesibles es prácticamente nula.
Este escenario tiene efectos que ya se observan en la demografía porteña. En 2023 se registraron 23.760 nacimientos, menos de la mitad de los 44.347 de 2010. La tasa bruta de natalidad cayó de 14,6 a 7,7 por mil habitantes y la fecundidad se ubica en apenas 1,09 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. La decisión de postergar la maternidad y la paternidad se vincula directamente con las dificultades para acceder a una vivienda y con la imposibilidad de sostener un hogar propio. “No puedo pensar en tener hijos si no puedo pagar un alquiler”, dice Sofía, de 28 años, empleada administrativa en una empresa de salud. “La idea de formar una familia se vuelve abstracta cuando no tenés garantizado lo básico”.
La prolongación de la convivencia con padres o familiares, la postergación de proyectos de vida y la caída de la natalidad forman parte de un mismo entramado social. La autonomía juvenil, que históricamente marcaba el inicio de la vida adulta, se ve condicionada por un mercado laboral que ofrece ingresos insuficientes y por una estructura urbana donde el acceso a la vivienda se volvió un privilegio. La Ciudad enfrenta así un desafío que excede lo económico: garantizar que las nuevas generaciones puedan construir un futuro propio sin que la independencia se convierta en un lujo inaccesible.
Los números de nuestra Comuna
La Comuna 3 tenía, según el Censo Nacional 2022, una población total de 187.537 habitantes. Si se compara ese universo con los 37.274 jóvenes de 18 a 29 años, surge un dato relevante para cualquier análisis demográfico o social del área central de la Ciudad. En términos proporcionales, los jóvenes de 18 a 29 años representan el 19,9% de la población total de Balvanera y San Cristóbal. Es decir, uno de cada cinco habitantes de la Comuna se encuentra dentro de ese tramo etario.
La cifra es consistente con el perfil demográfico de la zona: una densidad elevada, fuerte presencia de población adulta joven, alta rotación residencial y un peso significativo de estudiantes, trabajadores del sector servicios y hogares unipersonales. También se vincula con la estructura habitacional del área, donde predominan departamentos de uno y dos ambientes y un mercado de alquiler muy dinámico, factores que suelen atraer a personas en etapas iniciales de autonomía económica.
Santiago Pujol
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