Porteñas | Nueva norma porteña
Vapeadores regulados
Buenos Aires, 23 de junio de 2026. La nueva normativa establece que la venta de vapeadores queda prohibida para menores de 18 años y que su consumo se equipara al del cigarrillo tradicional: no podrán utilizarse en espacios cerrados de acceso público, como escuelas, hospitales, clubes, transporte y centros culturales. Además, se prohíbe la promoción, la publicidad, las ofertas gratuitas y el patrocinio de estos productos fuera de los comercios habilitados, los cuales deberán exhibir advertencias sanitarias visibles. El régimen sancionatorio contempla multas de entre 500 y 5.000 unidades fijas, lo que equivale actualmente a entre 474.995 y 4.749.950 pesos, además del decomiso de mercadería y la clausura o inhabilitación de los locales infractores.
El proyecto fue impulsado por la legisladora radical Manuela Thourte y contó con aportes de la diputada Claudia Negri, de Fuerza Buenos Aires. Entre sus disposiciones más relevantes se incluye la actualización de los programas de cesación tabáquica en hospitales y centros de salud, la creación de un sistema local de registro de casos de Evali —una lesión pulmonar asociada al vapeo— y la implementación de campañas de concientización en escuelas sobre los efectos de la nicotina en el cerebro adolescente. La ley también obliga a informar a personas gestantes sobre los riesgos vinculados con estos productos durante el embarazo y establece una gestión diferenciada para los residuos electrónicos y plásticos derivados de los dispositivos en los Puntos Verdes de la Ciudad.
Los fundamentos de la norma se apoyan en la evidencia científica que demuestra que los cigarrillos electrónicos no son inocuos. Aunque se promocionan como alternativas “más seguras” o como herramientas de reducción de daño, contienen nicotina y otras sustancias nocivas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la exposición a la nicotina antes de los 25 años afecta la atención, el aprendizaje, la memoria y el control de los impulsos, además de aumentar el riesgo de dependencia. En el reciente Foro Latinoamericano de Oncología se subrayó que el tabaquismo sigue siendo el principal factor asociado al cáncer de pulmón y que los productos electrónicos con nicotina también contribuyen a esa problemática. Según la OMS, el 85% de los diagnósticos de cáncer de pulmón en adultos está directamente vinculado al consumo de tabaco, ya sea en su forma convencional o a través de dispositivos electrónicos.
Especialistas locales remarcan que la mayoría de los vapeadores contiene solventes, nicotina y saborizantes que provocan inflamación directa en los pulmones. Lorena Lupinacci, oncóloga clínica y jefa del área de tórax e investigación del Hospital Italiano, explicó que esa inflamación activa el sistema inmune y puede derivar en cáncer, además de casos de fibrosis pulmonar. La médica advirtió que la industria apunta a adolescentes de entre 13 y 15 años con dispositivos llamativos, de colores y sabores atractivos, lo que podría desencadenar una epidemia de cáncer de pulmón en las próximas décadas. “Los pulmones se endurecen por la inflamación, y esto no solo implica cáncer, sino también enfermedades del intersticio pulmonar”, señaló. En su opinión, el vapeo puede convertirse en la puerta de entrada al cigarrillo tradicional, ya que expone a la nicotina a quienes nunca habían estado en contacto con ella.
En la misma línea, el doctor Luis Alberto Suárez, líder regional de Pfizer Oncología, sostuvo que el vapeo representa un riesgo real para la salud pulmonar y que debe considerarse como causa directa de daño. La preocupación es tanto generacional como sanitaria: los cigarrillos electrónicos, lejos de ser una alternativa inocua, pueden consolidar nuevas formas de adicción y multiplicar los problemas asociados al tabaquismo. La ley aprobada en Buenos Aires busca frenar esa tendencia mediante restricciones claras y campañas de prevención, con el objetivo de proteger especialmente a los adolescentes y jóvenes, quienes constituyen el grupo más vulnerable frente a la estrategia de mercado de la industria del vapeo.
La regulación porteña se inscribe en un debate global sobre el impacto de los cigarrillos electrónicos. Mientras algunos sectores los presentan como herramientas para dejar de fumar, la evidencia científica y las advertencias de organismos internacionales muestran que su consumo implica riesgos significativos. La Ciudad de Buenos Aires, al establecer un marco normativo más estricto, se suma a las jurisdicciones que buscan limitar la expansión de estos dispositivos y reforzar la protección de la salud pública. La medida, además, abre la puerta a un seguimiento más riguroso de los efectos del vapeo en la población y a la implementación de políticas de prevención que podrían servir de modelo para otras provincias y países de la región.
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