Editorial | El día después
Se acelera la crisis
El desencanto llegó antes de lo esperado. A Milei todas las cuentas le salieron mal. Y en el territorio donde se prometía poner el último clavo en el cajón del kirchnerismo, salió perdiendo por mucho, en lo que anticipa un proceso de descomposición de su poder político sin atenuantes ni capacidad de maniobra. Al tiempo que alumbró una alternativa para el 2027. Buenos Aires, 9 de setiembre de 2025. Los resultados de las elecciones bonaerenses del 7 de setiembre van en línea, aunque no parezca, con lo sucedido en la ciudad cuatro meses atrás. Ya en mayo los resultados que empinaron a un insulso Adorni como ganador, mostraban que LLA había capturado a los votantes PRO, pero que perdió a sus electores iniciales. Fue una victoria pírrica, que escondió los votos perdidos por los libertarios. Esos votantes que vieron en el ex panelista de TV una esperanza de cambio frente a la denostada casta política, que permitiera poner fin a casi una década de decadencia nacional. Los que estaban desencantados con la política tradicional, ahora también perdieron la fe en Milei.
Como afirmamos el mes pasado, los libertarios proclamaban que venían a terminar con el kirchnerismo cuando en realidad lo que ha sido borrado de la escena política por su irrupción fue el macrismo. “Al contrario, mientras crece el rechazo a las políticas libertarias, revive el peronismo y su capacidad de articular con el resto de las fuerzas populares, como no hace mucho expresó Néstor Kirchner al conducir la reconstrucción económica, política y social del país, luego del colapso del 2001. Y se evidenció en la sucesión de derrotas parlamentarias que sufrió el oficialismo en las últimas semanas. En la medida que radicaliza su política destructiva de la producción, la ciencia, la cultura, la educación y la salud argentinas, el mileísmo está resucitando al kirchnerismo, que se prepara para derrotarlo en las urnas”, decíamos hace un mes. Y lo derrotó.
En lo inmediato, un gobierno nacional que había extraviado el control de la economía, y que fue derrotado en la elección que nacionalizó para plebiscitar su mandato, enfrenta el complejo trance de reponerse y recrear su capacidad de conducir los destinos de la sociedad. Aun si lo logra pronto, ya nada será igual. Tendrá que deponer los intentos de gobernar como si tuviera la suma del poder público y acordar con los demás actores de la política los cursos de acción posibles. Es lo que le reclamó Kicillof desde La Plata al cerrar su discurso la noche de la victoria.
Si es sensato, podría ponerse un coto al descalabro de la economía y la sociedad, con el acompañamiento parlamentario de las otras fuerzas políticas. Lejos de eso, al reconocer su derrota, Milei prometió perseverar en sus políticas. Si así procede, no puede anticiparse nada bueno. El poder en una sociedad democrática se constituye con la sumatoria de las voluntades. Si el presidente se empeña en desafiar el malestar social, lo único que sucederá es que chocará de frente con una vertiginosa aceleración de la crisis que está profundizando desde que asumió.
Sin nuevos trucos de magia, un país que se hunde en la recesión, mientras siguen subiendo las tasas de interés, la inflación y el dólar, sin trabajo ni perspectivas inmediatas de mejora, Milei cada día se parece más al De la Rúa que no sabía para dónde ir. Entre tanto, lo esperan los tribunales, que son buenos olfateando a los caídos en desgracia. La estafa de Libra, los muertos por el fentanilo contaminado y las coimas de la hermana todavía son casos que están abiertos y que pueden producir mucho daño.
¿Tendrá Milei la templanza para recapacitar? Como toda historia en desarrollo, pronto lo sabremos.
Lic. Gerardo Codina
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