Editorial | Operativo de ocultamiento

El desenfado procesista

Para ocultar a Macri, un sector del macrismo decidió sacar de los baúles viejos fantasmas que exhibe con desenfado provocador. Negar las víctimas del terrorismo de estado, poner en duda que el genocidio vivido sea un crimen de lesa humanidad, al tiempo que se nombra como “fuhrer” al líder de otra fuerza política, y se naturaliza la apropiación de las Malvinas asegurando que son “británicas” o de los kelpers, no son delirios de algunos, aunque parezcan. Se trata de una operación de ocultamiento. Discutir el pasado remoto, para no hablar del futuro ni de las propias responsabilidades respecto del presente desastroso que atravesamos.
Buenos Aires, 10 de agosto de 2021. Claro que los grandes medios de comunicación son cómplices. Sin ellos sería imposible descolgarse con semejantes barbaridades que no vienen a cuento en el debate de la actualidad. Menos cuando aparecen las evidencias del contrabando de armas a Bolivia para respaldar un golpe de estado contra un gobierno democrático o se le niega en Uruguay la condición de refugiado político al prófugo “Pepín” Rodríguez Simón, manipulador estrella de la justicia macrista y ex titular de la tristemente célebre UCEP porteña.

Si los “halcones” exhiben credenciales procesistas, los “blandos” actúan como si nada tuviese que ver con ellos. Es el caso de la inefable vecina de todes Vidal, que proclama que “es lado a lado” e insiste en escuchar a los vecinos, pero sin decir para qué. La democracia se beneficiaría de un debate serio de ideas, en vez de tanta sonrisa de ocasión para no decir nada. 

También esa estrategia se sostiene con la complicidad mediática. Pocas veces se le pregunta a Vidal qué vino a hacer a la ciudad, después de haber fracasado estrepitosamente en la provincia. Queda claro, sin embargo, el plan de Larreta de ungirla como su heredera para la próxima elección de Jefe de Gobierno dentro de dos años. 

De lograrlo, coronarían un record de cinco gobiernos de igual signo a lo largo de veinte años. Los republicanos no se asustan con esa posibilidad propia de regímenes autocráticos. En este caso el reclamo de alternancia democrática no corre. Será porque siempre la amenaza autoritaria la ven sólo en los gobiernos populistas. No en los propios.
 
En este largo tiempo el PRO no resolvió sin embargo el problema de la basura, ni el de la seguridad, ni el de la vivienda o el tránsito, o el de la falta de espacios verdes suficientes, como se evidenció en la pandemia. Por el contrario, siguen vendiendo tierras públicas. Sí hicieron una eficaz política de maquillaje urbano y una intensa campaña de obras menores, para que se note que preocupan las veredas. Además de pintar de amarillo todo lo que se pudo, para apropiarse del espacio público con fines partidarios. 

La salud democrática de la ciudad merece una alternancia real, más que un contrapunto entre la administración local y la nacional que se radica en ella. Otra opción de gobierno para poder pensar y hacer una ciudad amigable con la diversidad, el ambiente y las personas, aunque no sea negocio para algunos. Una ciudad pionera en ciencia y tecnología, apegada a la naturaleza y con más derechos para todos. También en estas elecciones se juega la recuperación de la democracia participativa en nuestra ciudad, con el protagonismo ciudadano de su gente. 

Que se conjuguen nuevas alternativas revitalizaría la vida institucional porteña y señalaría la madurez de las fuerzas políticas que pretenden desplazar al oficialismo local. Claro, quizás eso signifique animarse a una construcción de signo propiamente porteño y mayor amplitud que la que sostiene al gobierno nacional. ¿Será posible?

Lic. Gerardo Codina   



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