Comunales | Doloroso privilegio
La esquina más peligrosa de la ciudad
La esquina de Pueyrredón y Corrientes, donde Balvanera late con su ritmo más intenso, fue señalada nuevamente por un estudio reciente como la cuadra más peligrosa de la Ciudad de Buenos Aires, un dato que para quienes vivimos en el barrio no sorprende pero sí obliga a pensar cómo se transformó este territorio en un punto crítico dentro de un distrito que, aun con un aumento del 15% en robos y hurtos entre 2022 y 2023, sigue figurando entre las ciudades más seguras de América Latina. La combinación de tránsito permanente, comercios, transporte y multitudes convierte ese cruce en un escenario donde la inseguridad se vuelve cotidiana, y donde la estadística —426 robos y hurtos en un año— adquiere rostro propio en la experiencia diaria de vecinos y trabajadores. Buenos Aires, 6 de octubre de 2026. Los datos surgen del Mapa del Delito del Ministerio de Seguridad porteño, una herramienta que geolocaliza cada denuncia y permite observar cómo se distribuye la criminalidad en la Ciudad. En 2023 se registraron 64.983 robos, 62.567 hurtos y 91 homicidios, cifras que muestran un incremento en los delitos contra la propiedad pero también una baja en la tasa de homicidios respecto del promedio nacional. Esa dualidad explica por qué Buenos Aires puede ser, al mismo tiempo, una de las urbes más seguras de la región y un territorio donde la sensación de inseguridad crece, especialmente en zonas de alta circulación como las que rodean a Once.
Para quienes caminamos Balvanera todos los días, la esquina de Pueyrredón y Corrientes es un punto neurálgico: confluyen líneas de colectivo, el subte B, locales de electrónica, galerías, vendedores ambulantes y miles de personas que se mueven entre la estación Once y la avenida Callao. Esa densidad, que define la identidad del barrio, también crea el ambiente ideal para punguistas y arrebatadores que aprovechan los descuidos y la multitud. El estudio ubica a este cruce por encima de otros puntos críticos de la Ciudad, como el Obelisco (380 robos y hurtos), la estación Constitución (352), Retiro (306) y Plaza de Mayo (219), todos espacios donde la masividad funciona como cobertura para el delito.
La concentración de homicidios, en cambio, se mantiene en el sur porteño: las comunas 1 y 4 registraron 42 asesinatos en 2023, una cifra que se explica por la presencia de villas como la 31, la 1-11-14, la 21-24 y la 20, donde operan grupos vinculados al narcotráfico y donde la vulnerabilidad social se expresa en forma de violencia extrema. Esa distribución desigual del delito muestra que la Ciudad convive con realidades muy distintas según el territorio, y que la seguridad no puede pensarse solo desde el número total de hechos sino desde las dinámicas específicas de cada barrio.
En Balvanera, la inseguridad se manifiesta de manera más visible en los robos y hurtos. Los vecinos conocemos de memoria los puntos donde conviene ajustar la mochila, evitar el celular o caminar con más atención. La zona de Once, con su entramado comercial y su flujo constante de compradores, turistas y trabajadores, es un imán para quienes buscan oportunidades rápidas. La esquina de Pueyrredón y Corrientes, en particular, funciona como un corredor donde la movilidad nunca se detiene: los colectivos frenan, la gente baja apurada, los vendedores ofrecen productos, los autos se amontonan y el subte escupe pasajeros cada pocos minutos. En ese caos organizado, el delito encuentra su oportunidad.
La estadística de 426 robos y hurtos en un año no solo describe un problema policial: habla de una experiencia cotidiana que afecta la vida del barrio. Cada hecho denunciado es un vecino que perdió un celular, una cartera, una billetera; un comerciante que vio correr a un arrebatador; un turista que se fue con una mala impresión; un trabajador que llegó tarde porque tuvo que hacer la denuncia. La inseguridad, en Balvanera, no es un concepto abstracto: es parte del paisaje urbano, tan presente como los puestos de diarios, las galerías y los colectivos que atraviesan la avenida.
Aun así, el estudio también muestra que la Ciudad mantiene indicadores de homicidios más bajos que otras capitales latinoamericanas, y que la mayoría de los delitos se concentran en zonas específicas. Esa información, lejos de minimizar el problema, permite pensar políticas más focalizadas: reforzar la presencia policial en los puntos críticos, mejorar la iluminación, ordenar el espacio público, trabajar con comerciantes y vecinos para reducir oportunidades delictivas y fortalecer la prevención. En Balvanera, donde la vida comunitaria convive con el movimiento incesante de Once, esas medidas pueden marcar la diferencia.
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