Sociedad | San Martín
Un legado a cumplir
El 17 de agosto de 1850, en Boulogne-sur-Mer, Francia, falleció a los 72 años el General José de San Martín, figura central de la independencia sudamericana y símbolo de la libertad de nuestros pueblos. Sus restos fueron repatriados en 1880 y descansan hoy en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, como testimonio de la gratitud de la Nación que lo reconoce como el “Padre de la Patria”. Buenos Aires, 18 de agosto de 2026. San Martín nació en Yapeyú, Corrientes, en 1778, y desde joven se formó en España como militar. Sin embargo, su destino estaba ligado a América: renunció a su carrera en Europa para sumarse a las logias que promovían la independencia y regresó en 1812 para organizar el Regimiento de Granaderos a Caballo. Con ellos obtuvo su primera victoria en San Lorenzo, preludio de un plan continental que lo llevaría a liberar Chile y Perú. Pero más allá de su genio militar, San Martín fue un político de visión amplia, convencido de que la libertad debía sostenerse en instituciones sólidas y en la educación del pueblo.
Su proyecto institucional en Perú es un ejemplo de esa dimensión política: como Protector (1821-1822) abolió el tributo indígena, impulsó la libertad de vientres, fundó la Biblioteca Nacional y promovió la educación pública. Estas medidas revelan su convicción de que la emancipación no podía limitarse a expulsar al poder colonial, sino que debía cimentar una sociedad más justa y moderna. Inspirado por las ideas de la Ilustración, defendió la división de poderes y la tolerancia, consciente de que la libertad sin orden podía derivar en la tiranía del más fuerte.
San Martín se distinguió también por su rechazo al caudillismo. Nunca buscó el poder personal ni el culto a la personalidad. En Chile dejó el gobierno en manos de O’Higgins y en Perú convocó un Congreso Constituyente. Tras la célebre Entrevista de Guayaquil con Bolívar en 1822, cedió su ejército y se retiró voluntariamente, convencido de que su espada no debía servir para oprimir a nadie. Ese gesto de desprendimiento lo coloca en un lugar único entre los líderes de la independencia: su gloria estaba en haber servido, no en mandar.
Su pensamiento político se resume en la idea de que el orden es condición de la libertad. Por eso impulsó reformas sociales y educativas, pero siempre dentro de un marco institucional. “Sin educación no hay libertad; sin instrucción no hay patria”, afirmaba convencido de que un pueblo ignorante no podía ser libre.
San Martín no solo liberó territorios, sino que intentó darles a sus habitantes un marco de autogobierno estable y justo, sin imponer a sus pueblos ninguna dependencia. Su legado político complementa su gesta militar y lo convierte en una pieza fundamental de nuestra identidad nacional.
En cada aniversario de su muerte, la memoria de San Martín nos invita a reflexionar sobre la necesidad de construir una patria justa, libre y soberana, tal como él la soñó. Su vida demuestra que la verdadera grandeza no está en acumular poder, sino en renunciar a él para garantizar la libertad de los pueblos.
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