Editorial | Todo en familia

Macri contra Macri

En política nada es seguro. Ni siquiera que los hermanos compartan objetivos comunes. Menos los primos. Sobre todo, si uno siempre vio al otro con algo de desprecio. Los Macri son un buen ejemplo. Mauricio abrió el camino familiar a la política y Jorge lo aprovechó para colar como intendente de Vicente López primero y, luego, como Jefe de Gobierno porteño. Buenos Aires, 14 de julio de 2026. Siempre había sido un exponente de la rama “pobre” de los Macri y no destacaba en la consideración del que llegó a presidir el país. Sin embargo, fue oportuno para conservar el feudo del PRO a buen resguardo cuando los coroneles del partido, Patricia Bullrich y Rodríguez Larreta, se enzarzaron en una interna para ver quién era mejor candidato a presidente, al momento de elegir al sucesor de Alberto Fernández. 

Ahora Jorge Macri enfrenta el desafío de reelegir al frente del gobierno porteño. Cuando todo parecía decantarse a favor suyo, después de que el elegido de Milei se incendiara a lo bonzo con sus impúdicas exhibiciones de poder mal habido, el deseo de acordar con los libertarios tras su candidatura para no dividir el voto de la derecha, le generó un inesperado dolor de cabeza. Por un lado, Karina Milei acepta que el PRO encabece en la ciudad, pero con el otro Macri, Mauricio, que no quiere volver al puesto que lo catapultó a la Presidencia. Pero Mauricio tampoco quiere que Jorge negocie por su cuenta una posible coalición con los libertarios en la ciudad, para tener más fuerza para una negociación nacional.

El problema que afronta Mauricio es doble. Casi todo el gabinete de Milei proviene de la cantera macrista, como alguna vez él pronosticó que podía ocurrir, pero cada uno de esos ministros, incluido el flamante Jefe de Gabinete, se mueve por las suyas y no consulta a su anterior líder partidario. Por el otro lado, los otros dos gobernadores electos por el PRO, también se mueven autónomamente. En efecto, ni Nacho Torres de Chubut ni Rogelio Frigerio de Entre Ríos levanta el teléfono para llamar a Mauricio y consultarle cómo deben pararse frente al gobierno nacional.

Cuando el expresidente percibió que el escándalo Adorni debilitaba a Milei, salió a cruzarlo. Pero pocos de su espacio lo acompañaron. Es que hasta aquí Milei no sólo se chupó los votos macristas, sino que también a gran parte de sus cuadros. Eso puede cambiar, claro. Y lo sabe Patricia Bullrich, que ya comenzó a tomar distancia, convergiendo con su anterior jefe político. Pero la profundidad y velocidad del cambio dependerá de cómo le vaya en las encuestas a los libertarios de cara al 2027.

Si se afirman las chances de Milei de tener un nuevo mandato, más allá de los obstáculos que ponga Mauricio Macri, se consolidará la hegemonía de los hermanos Milei sobre todo el espacio político de la derecha y ellos dictarán las condiciones en las que será posible compartir listas y espacios de poder. Por el contrario, si esas expectativas reeleccionistas del Javo se diluyen, habrá un creciente número de referentes políticos viendo cómo evitan hundirse con los libertarios.

La crisis que atraviesa la sociedad argentina desde hace ya mucho tiempo permitió y todavía permite, la emergencia de outsiders que capitalicen toda la bronca y el resentimiento que anida en millones, como fue el caso de Milei. Pero del mismo modo, se devora cualquier propuesta que no satisfaga rápidamente las demandas contenidas. Es el caso de Cristina, que no pudo proponer un sucesor. Y el de Macri y Alberto Fernández que no pudieron reelegir, por las frustraciones que dejaron sus gobiernos. ¿Podrá Milei torcer ese destino que recorre los últimos doce años de la política nacional? Parece complicado, dado que, para la mayoría, ni su situación personal ni la del país está mejor que cuando empezó el experimento libertario. 

                                Lic. Gerardo Codina  


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