Editorial | Crisis libertaria

Bullrich contra todos

Desde Chile, Patricia Bullrich disparó munición gruesa. Contra Jorge Macri, sutilmente. Contra Manuel Adorni, de frente. Contra Milei, por elevación. Nadie se salvó de la jugada. Es que, cuando huele debilidad en el oponente, quien sea, Bullrich arremete con más fuerza. Sabe que se está descomponiendo la fuerza electoral de los libertarios y se ofrece como una alternativa potable para el electorado de derecha y los poderes fácticos del país. Buenos Aires, 12 de mayo de 2026. Por las dudas, porque es audaz pero no imprudente, apunta a varias bandas. Por un lado, como reemplazo de Jorge Macri al frente de la ciudad en 2027. No es puesto menor. El tercer presupuesto de la república con casi los mismos habitantes de Córdoba o Santa Fe amuchachados en un pequeño territorio que es la puerta de entrada de la república y la sede de todos los factores de poder. La Jefatura de Gobierno le permitió a De la Rúa y a Mauricio Macri una vidriera tan luminosa que pudieron pegar el salto hacia la Rosada sin mayores complicaciones. Al destacar la limpieza, el transporte subterráneo, el tránsito y la política impositiva de la capital chilena, trazó un contraste con la administración de Jorge Macri y abrió interrogantes sobre su propio futuro político en la Ciudad.

Por eso, también atendió a Manuel Adorni, que primereaba en la intención política libertaria como candidato a suceder al primo de Mauricio. Tapado desde hace dos meses por la sucesión de escándalos por sus viajes y propiedades pagados en negro, con fondos de origen dudoso, Adorni se despidió por el momento de la ambición electoral y solo apuesta ahora a silenciar las repercusiones de sus andanzas. Pero Bullrich lo volvió a colocar en la palestra y, además, se diferenció de la defensa cerrada que realizaron los Milei. Pidió que muestre públicamente su declaración jurada, si tiene todo en regla. Algo que todavía no hizo.

Al mentar la soga en la casa del ahorcado, Bullrich también tomó distancia de Milei, que sintió cuestionada su autoridad y salió de inmediato a proclamar que “en su gobierno, a los que no le gusten sus decisiones, se las tienen que fumar o irse”. Bullrich no va a hacer por ahora ninguna de las dos cosas. Sabe también que Milei no puede echarla. Pero ya marcó distancia, anticipándose a una debacle electoral de La Libertad Avanza, empujada por el descrédito en el cayó la supuesta pureza moral del gobierno, marcado por las coimas de la ANDIS, la estafa de Libra, los créditos VIP del Banco Nación, los “gastos corporativos” del asesor presidencial Reidel, las contrataciones que lograron las esposas de Sturzenegger y Adorni, además de las propiedades que se le dieron “todas juntas” al jefe de gabinete, entre otros sonados escándalos.

La corrupción avanza, pero lo que ahuyenta a los electores que esperaban un cambio con Milei, es que este les llegó en forma de un empobrecimiento sin límites a la vista, cuando cada vez falta más trabajo. Los que más sufren son los trabajadores formales y autónomos, la mentada clase media, que cada mes resignan más consumos, jaqueados entre la inflación y las paritarias congeladas. Los sectores más pobres son hábilmente contenidos con una multiplicación de planes sociales, concentrados en la AUH y la tarjeta Alimentar, cuyos montos se actualizan acorde marcha el costo de vida y que han llegado a más de seis millones de beneficiarios. Todo un record nacional. Pero tampoco tienen esperanzas en Milei.

En este escenario de crisis sin fin y riesgo cierto de estallido en cualquier momento, Patricia Bullrich se prepara para despegar del gobierno en un salto, si es necesario para preservarse. Entre tanto, tratará de asegurarse la candidatura a Jefa de Gobierno en el próximo turno electoral. ¿Tendremos esa suerte los porteños?

                            Lic. Gerardo Codina


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