Porteñas | Secundarios
Menos faltas
La Ciudad de Buenos Aires decidió reducir la cantidad de faltas permitidas en las escuelas secundarias, una medida que busca enfrentar el ausentismo reiterado y mejorar el rendimiento académico de los estudiantes. El nuevo límite anual pasó de 25 a 20 inasistencias, tanto en instituciones públicas como privadas, y se aplicará a lo largo de todo el ciclo lectivo. La decisión, impulsada por el gobierno de Jorge Macri, impacta en unos 200 mil adolescentes y responde a la preocupación por los altos niveles de ausentismo, que en muchos casos derivan en bajo desempeño y abandono escolar. Buenos Aires, 24 de febrero de 2026. El cambio se enmarca en la actualización del Reglamento Escolar y el Régimen Académico del Nivel Secundario, dentro del Plan Buenos Aires Aprende. Según datos oficiales, la tasa de ausentismo en el nivel secundario alcanza el 19,6%, con un promedio de 27 faltas por estudiante al año, lo que equivale a casi dos meses fuera del aula. Nueve de cada diez inasistencias no se justifican. Ante ese escenario, el Ministerio de Educación porteño sostiene que la asistencia es clave para consolidar conocimientos y hábitos de estudio, y que cada día perdido representa una oportunidad de aprendizaje desaprovechada.
Hasta ahora, los alumnos podían acumular hasta 25 faltas anuales y la evaluación de la regularidad se realizaba al cierre de cada bimestre, con margen para excepciones a criterio de los docentes. Con la nueva normativa, el máximo se reduce a 20 faltas, se establece un tope de cinco por bimestre y se eliminan las excepciones discrecionales que en muchos casos permitían flexibilizar la regla, como llegadas tarde acumuladas o vacaciones fuera de los recesos estipulados. La reforma implica además una evaluación más periódica de la regularidad: quienes superen el límite deberán recuperar contenidos en instancias específicas durante el receso invernal o en el período diciembre-febrero.
El jefe de Gobierno, Jorge Macri, defendió la medida con un mensaje contundente. Señaló que durante años se relativizó la importancia de la asistencia y que eso derivó en más ausentismo, peor desempeño y abandono escolar. “¿Cuándo se naturalizó que los chicos falten casi dos meses por año a la escuela y no pase nada? Se terminó esa época. En la Ciudad volvemos a lo básico: estar en la escuela no es opcional y faltar tiene consecuencias”, afirmó.
La política se inscribe en una estrategia de prevención y acompañamiento. Desde la segunda falta injustificada se activa una instancia de comunicación con la familia y se implementa un seguimiento personalizado. El Gobierno porteño puso en marcha además el Sistema de Alerta Temprana para el Abandono Escolar, que identifica situaciones de riesgo y permite intervenir antes de que el estudiante se desvincule del sistema. A través de la plataforma de WhatsApp BOTI, se envían mensajes personalizados a las familias para informar sobre las inasistencias y ofrecer apoyos concretos.
En paralelo, los equipos directivos recibieron nuevas herramientas de gestión, como tableros de presentismo, inteligencia artificial y seguimiento nominal en la plataforma Aprende BA, que permiten monitorear la asistencia y anticipar intervenciones. También se fortaleció la cultura institucional con la incorporación de la Huella Digital Docente, que apunta a reforzar la responsabilidad de los educadores como ejemplo frente a los alumnos.
La ministra de Educación, Mercedes Miguel, subrayó que no se pueden seguir naturalizando las faltas, ya que impactan de manera directa en los resultados de aprendizaje. “Si no están en el aula, no podemos enseñarles. Buenos Aires pone la presencia en el centro del aprendizaje. El compromiso empieza por los adultos y se construye en comunidad: las familias son parte central de la solución y queremos trabajar junto a ellas para que cada estudiante esté en la escuela aprendiendo”, sostuvo.
La reducción del límite de faltas se presenta como un intento de revertir una tendencia preocupante: el ausentismo recurrente que, según las autoridades, es el primer paso hacia la deserción escolar. Con esta medida, la Ciudad busca reinstalar la idea de que la asistencia es un requisito fundamental y que faltar tiene consecuencias concretas. El desafío será lograr que la política se traduzca en una mejora efectiva en la presencia de los estudiantes y, en consecuencia, en sus aprendizajes.
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