Sociedad | Pandemia y vacunas

¿Llega primero el suero?

Alarmados por el crecimiento semanal del número de contagiados y muertos por COVID-19 en nuestro país, muchos se preguntan ansiosos cuándo llegará la vacuna y si realmente será efectiva. Dos preguntas que habrá que responder si se quiere recuperar cierta nueva normalidad de las relaciones sociales. Pero, antes llegará el suero. ¿Qué es?
Buenos Aires, 8 de setiembre de 2020. “La vacuna contra el coronavirus desarrollada en Oxford estará lista para distribuirse en abril de 2021. Así lo confirmaron Hugo Sigman, dueño del Grupo Insud al que pertenece la empresa mAbxience, y Alfredo Rimoch, director general del laboratorio mexicano Liomont, que liderarán la producción de la vacuna en Latinoamérica”, publicaba el 29 de agosto Página 12. 

Una de cal y otra de arena. La buena noticia sobre que aquí se producirá la vacuna desarrollada en los laboratorios de la Universidad de Oxford, con todo el reconocimiento que implica a la capacidad técnica e industrial instalada en nuestro país, vino acompañada de la realidad de los tiempos que habrá que esperar para que esté efectivamente disponible. Ocho meses. Nada menos. Para la ciencia una velocidad inaudita. Pero para los confinados casi una eternidad.

Más cuando los números que se conocen día tras día de contagiados y fallecidos sólo agreguen incertidumbre y dejen planteada la pregunta de cuánto tiempo más podrá el sistema de salud resistir estos embates. No sólo se trata de cantidades de pacientes. También de que los trabajadores no son máquinas. Agotados ya los médicos, camilleros, kinesiólogos, enfermeros y todo el resto de los trabajadores de la salud, personas que, además de enfermar y muchas veces también morir, como todos se cansan hasta el agotamiento, sometidos a tanto estrés por tanto tiempo.

Antes que la vacuna, llega el suero

Desde principios de agosto comenzaron las pruebas clínicas de una nueva herramienta terapéutica. Se trata del suero hiperinmune. Una variante del plasma de pacientes recuperados, pero producida a partir de inocular un fragmento del virus en caballos, para que como reacción produzcan anticuerpos que luego se extraen con su plasma, para producir el suero. Los caballos no enferman, pero generan una fuerte respuesta defensiva que se recupera para su uso en humanos. 

No es algo que se esté probando sólo aquí. En San Pablo ya se patentó un suero semejante, mientras que al menos en Estados Unidos y Costa Rica se están haciendo similares estudios de su eficacia clínica, como en cuatro centros asistenciales argentinos. Se trata de suministrarlo a pacientes con diagnóstico de COVID-19, que presenten un cuadro moderado a grave, para comprobar si se evita que desarrollen la peor forma de la enfermedad, que requiere de internación en terapia intensiva y eventualmente, asistencia respiratoria mecánica.

El jueves 27 de agosto en una reunión virtual con los diputados nacionales integrantes de la Comisión de Acción Social y Salud Pública, Linus Spatz, socio fundador y director de Inmunova, laboratorio que desarrolla el suero equino terapéutico contra el COVID-19 dijo que el suero hiperinmune equino “es algo intermedio entre el plasma y la vacuna, que está en período de ensayos para evaluar su seguridad y eficacia”. Y agregó: “Aún no podemos afirmar que realmente sea una solución, pero sí sabemos que no hubo efectos adversos severos y aspiramos a tener resultados para octubre”. Este suero anti-COVID-19 es el primer potencial medicamento innovador para el tratamiento de la infección por el nuevo coronavirus totalmente desarrollado en Argentina. En ensayos in vitro demostró la capacidad de neutralizar el virus, con una potencia alrededor de 50 veces mayor que el promedio del plasma de convalecientes.

Spatz contó que Inmunova fue fundada por científicos del Conicet y del Instituto Leloir hace 10 años y que actualmente se especializa en enfermedades que no tiene tratamiento. “Estamos trabajamos en sueros, que en las últimas décadas han tenido una gran revalorización y son anticuerpos que produce el organismo ante cualquier agresión que sufre el organismo, mediante el bloqueo de un virus, bacteria o toxina. Trabajamos con un suero terapéutico contra el Síndrome Urémico Hemolítico, una enfermedad que cada año afecta a 5000 chicos en la Argentina que se infectan con una toxina. Los chicos necesitan diálisis o trasplante y en algunos casos fallecen porque no hay todavía ningún tratamiento efectivo en el mundo. Estábamos empezando los estudios clínicos en Fase2/3 con 400 pacientes por un tratamiento con suero contra esta enfermedad, cuando nos agarró la pandemia por COVID-19”, explicó Spatz.

Contó que actualmente están inmunizando 14 caballos por semana, de los cuales se eligen las 12 mejores respuestas. También comentó que por cada tratamiento en un caballo, se obtienen de 250 a 300 tratamientos para uso temprano de la enfermedad para personas. “Es algo escalable a nivel industrial en poco tiempo, lo que permite inclusive obtener un producto farmacéutico exportable”, precisó.

Mejores remedios no son prevención

El suero equino es una de las nuevas herramientas terapéuticas en estudio en el país. Tiene la ventaja de haber sido probado antes para proteger del tétanos o como antiofídicos por muchos años. Pero no es la única en estudio actualmente. También se está verificando la eficacia clínica del uso de antiinflamatorios, antivirales, plasma de convalecientes y otros recursos. Todos ellos prometen mejorar la capacidad de tratar a las personas que se han enfermado con COVID-19. No previenen la enfermedad, como puede hacerlo una vacuna. Por eso el cuidado personal y colectivo seguirá siendo importante. Pero, si se comprueba que son eficaces como remedios, en gran medida la pesadilla de la pandemia habrá terminado. 
                                                                                                           Lic. Gerardo Codina
 


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