Comunales | En el Hospital Ramos MejÃa
Tango para pacientes con Parkinson
El taller funciona desde hace siete años. De mayo a diciembre, hay clases todos los martes a las 15.30. Bailarines voluntarios enseñan los pasos básicos y guÃan mientras los médicos supervisan. Esta experiencia nacida en el barrio de Balvanera ha tenido repercusiones nacionales e incluso internacionales.
Buenos Aires, 5 de diciembre de 2017. Desde hace siete años, la Unidad de NeurologÃa del Hospital Ramos MejÃa (Urquiza y México) cuenta con un taller de tango para pacientes con Parkinson. El objetivo es que cada asistente "utilice la danza como actividad fÃsica integral". Se hace los martes a las 15.30 entre mayo y diciembre. Mientras los médicos supervisan, hay bailarines voluntarios que enseñan los pasos básicos a los asistentes.
"El efecto positivo que tiene la danza sobre el ánimo, el humor, la posibilidad de comunicación y contacto con otros, hace que recomendemos a nuestros pacientes el acercamiento a este tipo de actividades que actúan generando una mejorÃa sustancial en su calidad de vida", explican fuentes de la Unidad de NeurologÃa.
Juan Manuel "Manuco" Firmani hace seis años es profesor voluntario. Estudió en la Universidad Nacional de Artes (UNA), hizo giras en compañÃas de tango por todo el paÃs y fue profesor de baile. Una alumna suya lo puso en contacto con los médicos de Balvanera y aceptó el desafÃo: "Encontramos una metodologÃa de trabajo. Fue un proceso lindo. Yo habÃa dado clases a gente de tercera edad y con sÃndrome de Down. Está bueno porque hay un equipo formado por un equipo médico que tiene seguimiento de los pacientes durante la clase. Es muy fuerte verlos a ellos, ver cómo ellos se registran al inicio de la clase. Van con un andar corto, poco seguro. De repente hacemos la clase. Empieza en una ronda, nos movemos, ponemos el cuerpo para el baile. Es increÃble verlos cuando se van. Su marcha es distinta. Mientras bailan el temblor pasa a otro plano, están enfocados en hacer los pasos, en dar el abrazo. Les hace muy bien. Me encanta descubrir eso".
"Lo vivo con felicidad. Me da mucho a nivel personal lo que vivo. La danza está buenÃsima. El arte es un camino para sanar, para redescubrirse, para encontrarse, tengas o no tengas una enfermedad. La clase es normal y lo más regular posible, varÃan los recaudos y los tiempos. El tema es abrazarse, andar en pareja, aprender eso. Estas enfermedades hacen que la gente deje de socializar. Está bueno que se arme un grupo donde la gente puede socializar y compartir. Cada clase es una fiesta. Se celebra aprender algo nuevo. Se vive una energÃa particular. Los asistentes se festejan los cumpleaños. Hay una frase quemada, "el tango no discrimina". Podés no hablar el mismo idioma, tener otra edad, una enfermedad, pero vos te abrazás a alguien y teniendo las nociones básicas, podés bailar en el Ramos MejÃa, en San Telmo o en cualquier lugar del mundo", añade.
"Yo me voy calmando a medida que voy bailando", dice Liliana Garay, que hace siete años asiste al taller de tango del Ramos MejÃa. Cuando nació su hijo, 13 años atrás, su vida cambió por completo: "Después del parto empecé con problemas motores. Yo estaba mal, postrada. No podÃa caminar, no podÃa higienizarme ni hacer la comida. De a poco fui avanzando con la medicación. Hice varios tratamientos. Ahà me recomendaron el taller. Fue una bendición, me cambió la vida. Les digo a los médicos que bailar y conectarme con el otro me ayudó un montón. Hay un clima de grupo que me acompaña".
"Pensé que nunca iba a poder hacer actividades cuando empecé. Hoy me siento bien. Siempre estoy medicada, tomo pastillas cada cuatro horas. Todo esto es un desafÃo constante. Los pasos, pensar, coordinar. Me ayudaron a salir adelante. Te juegan los nervios, las emociones. Llego al hospital los martes y a veces apenas puedo caminar. Voy por los pasillos, entro en la sala y cuando me pongo los zapatos de baile empiezo a sentirme más ligera", festeja.
"La práctica es importante. Yo pasé de bailar una sola vez por semana en el hospital a hacerlo cuatro o cinco veces en milongas. Trato de aprovechar. Vengo de una familia donde todos tienen Parkinson. Desde mis abuelos. Yo veo el deterioro, el proceso de la enfermedad. Veo lo bien que te hace bailar para sobrellevarla. Siempre lo aconsejo. Me encuentro con muchas personas que no creen que tengo Parkinson. Bailo porque es un placer, pero también porque soy consciente del paso del tiempo", agrega.
"Es importante no frustrarse. Juega mucho la depresión en la enfermedad de Parkinson. En aislarte también. Por suerte tengo muchos amigos de la milonga. Si un dÃa estoy mal, voy igual. Tal vez no bailo, pero escucho música, estoy en compañÃa", enfatiza Liliana sobre el dÃa a dÃa y suma: "Es importante la motivación. Yo trato de que me escuchen, que me vean bien. Una vez me encontré con un primo a la salida del hospital. Me dijo "vos estás bien, como si no tuvieras Parkinson". Me puso contenta que me viera asÃ. Ahora veo la vida desde otro lugar. Busco aprovechar los momentos. Estar con la gente que quiero, hacer amigos para charlar y compartir el tango; incluso a veces voy con mi hijo, que le empezó a gustar el baile".
Esta experiencia nacida en el barrio de Balvanera ha tenido repercusiones nacionales e incluso internacionales. En octubre de 2014 varios integrantes viajaron para disertar en el Congreso Mundial de Parkinson, que se celebró en Montreal, Canadá. También lo hicieron en el Congreso Mundial de Tango en la Ciudad de Buenos Aires. Además, en abril con motivo del mes internacional del Parkinson, hay charlas en el hospital sobre los beneficios de la actividad fÃsica en esta enfermedad y se realza la labor del taller de tango.
En el presente, quienes asisten al taller, además de participar en milongas ya instaladas en el circuito de baile porteño, tal como lo cuenta Liliana, suelen ir a encuentros organizados por otros gestores culturales que mediante el tango buscan la inclusión. Es el caso de la milonga El Abrazo Verdadero, que se hace en El Tacuarà (Tacuarà y Juan de Garay, Constitución).
Juan Castro